De los 8.125 pueblos que existen en nuestro país, 4.955 tienen menos de 1.000 habitantes, según los últimos datos publicados en el INE. Eso significa que más de la mitad de los municipios rurales se encuentra en riesgo de desaparecer. Existe una mentalidad extendida de que la ciudad es donde residen las mayores oportunidades de empleo y de desarrollo personal en un sentido amplio. La vida en el mundo rural es sinónimo de atraso, de retroceso, hasta el punto de que para las familias rurales, que un joven universitario quiera emprender en el mundo rural es visto como un fracaso.

Son muchas las voces que se han alzado, desde el ámbito público y privado, con el objetivo de buscar soluciones y tratar de revertir la situación que vive el medio rural, que a la postre representa el 80%del territorio nacional. La mejora de los servicios básicos y equipamientos, así como las ayudas a la movilidad, son dos de las medidas más destacables y costosas. Sin embargo, no hay datos publicados sobre resultados positivos que avalen el esfuerzo inversor.

Por ejemplo, en materia de vivienda, ofrecer solares y viviendas a bajo precio o ayudas a la rehabilitación no están aportando soluciones eficaces: fomentan el turismo o las segundas residencias de pobladores actuales, pero no nuevos empadronamientos, en una suerte de gentrificación rural.

Las innovaciones técnicas en materia de edificación o de rehabilitación tampoco funcionan como contrapeso a la despoblación. Una vivienda passivhaus puede ser muy atractiva para cualquiera que pretenda vivir en un ambiente saludable y confortable, y sin embargo, un hipotético plan de rehabilitación energética de vivienda rural abandonada o en desuso no acarrea, por sí solo, un incremento notable de la población empadronada, si no va acompañado de un propósito transversal de innovación en lo económico y lo social en un territorio concreto.

Deben plantearse estrategias integrales, que favorezcan a una gran mayoría de pobladores, jóvenes pero también a familias asentadas por generaciones, que necesitan rehabilitar su vivienda para garantizar una permanencia saludable en el pueblo. Y también a potenciales “neorurales” que en muchas ocasiones coinciden con el perfil de personas recién jubiladas que deciden trasladarse a vivir a un entorno rural saludable, menos centrado en el consumo y más en la calidad de vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *